El Silencio en la Vida del Millenial

Tengo la fortuna de tener en casa uno de los inventos más valiosos para el descanso en la historia de la humanidad, la tina bañera. Recuerdo que desde pequeño tengo la costumbre de pasar un rato en la bañera cuando estoy estresado o cansado. Siempre ha sido un lugar en el que encuentro un silencio que me permite pensar y descansar. Hoy comienzo a escribir esta entrada desde mi celular en mi lugar de silencio…

Cómo podrás imaginar, mi lugar de silencio se ha llenado de algo de ruido al introducir mi móvil, y a veces hasta el ordenador. Aunque estoy convencido de que la tecnología es una herramienta sumamente valiosa en la vida de cualquiera, hay ocasiones en las que las pantallas nos distancian de Dios. No solo nos alejamos de Él al ver contenido inapropiado, sino también cuando consumimos contenido por consumir, por matar el tiempo, por evitar nuestras responsabilidad, por compartir cada momento de nuestras vidas en las redes.

Tal vez debamos de retirarnos un tiempo para hablar con Dios. El Cardenal Robert Sarah habla extensamente sobre el tema en su libro titulado La force du silence. Entre muchos ejemplos, nos cuenta lo siguiente sobre los profetas:

La fuerza del silencio – Cardenal Robert Sarah

Ningún profeta ha encontrado jamás a Dios sin retirarse a la soledad y el silencio. Moisés, Elías y Juan el Bautista hallaron a Dios en el silencio del desierto. También hoy los monjes buscan a Dios en la soledad y el silencio. No me refiero únicamente a una soledad o un movimiento geográfico, sino a un estado interior. Tampoco basta con callar. Hay que convertirse en silencio.

Y es que Dios se encuentra en el hombre antes que en el desierto, antes que en la soledad y el silencio. El auténtico desierto está en nuestro interior, en nuestra alma.

Si lo entendemos así, somos capaces de comprender que el silencio es indispensable para encontrar a Dios. El Padre aguarda a sus hijos en sus propios corazones.

Hemos dejado de valorar esa virtud que nos permite escuchar nuestra propia voz, y más importante aún, la voz de Dios. Creo también que esto sucede con la música, con tweets, espectaculares y otras imágenes tan innecesarias.

Incluso al trabajar vamos con cascos/audífonos para estar escuchando música, también lo hacemos en el coche y en nuestras habitaciones. ¿En dónde quedó mi silencio?

Hace unos meses estuve con unos compañeros del trabajo frente al mar asando unos deliciosos cortes de carne. Todo estuvo genial, la conversación, la música y la comida estuvo de primera. Pero fue un rato de silencio, que se generó mientras observábamos las olas y el mar, mi momento favorito. Hemos pasado por mucho cómo equipo y más ahora en esta situación de pandemia que tiene paralizada a todo el mundo, pero encontré algo en ese silencio compartido que difícilmente olvidaré.

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Propongo encontrar ese silencio, para así poder reflexionar sobre la vida y poder encontrar a Dios en donde pocos lo buscan. Esto puede traducirse a no utilizar aparatos con pantallas durante las vísperas del día, ejercitarnos en un lugar silencioso y sin música, o incluso ir a tomar un café con tu mejor amigo y olvidar el móvil en casa para así poder prestarle toda tu atención. Tal vez encontremos a Dios en ese silencio, pero es seguro que lo encontraremos en el Sagrario.


Aquí te dejo un libro del Cardenal Sarah que ha cambiado mi perspectiva sobre el ruido que nos rodea.

 

 

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